martes, 22 de agosto de 2017

QUIZÁ

Quizá, el silencio de sus palabras es plenitud en entendimiento, quizá los hermosos labios sellados ocultan sabiduría que buscan: 

Acaso el correcto entendimiento; 
Acaso la luz de una palabra que los incite. 

Quizá los bellos ojos abiertos alcanzan a ver que las palabras adecuadas se atesoran y no se despilfarran en oídos incapaces de comprender. 

Quizá la reserva es la fuente de valor inconmensurable, quizá lo que sostenemos por cierto, tenga un entendimiento diferente en su mente atrayente.

Quizá no conoce el lugar que le pertenece, 

Quizá no alcanza a concebir que su reserva brilla, destaca y es notada; que sus esfuerzos por pasar inadvertida son estériles. 

Quizá no ha visto que los ojos la ven y tratan de saber, de comprender, la magia que aprisiona las mentes que la rodean. 

Quizá no avista que su latir, suave y sereno, conmueve los sentidos, que cualquier respuesta que proporcione, no podrá jamás satisfacer la pregunta, ¿quién eres?.  

Quizá no comprendo yo a donde lleva esta danza de mentes, ¿devastación?, ¿decepción?, 

Quizá nada sucede por azar, y dos personas no cruzan su camino por casualidad, quizá están destinadas a enseñar algo uno al otro, quizá deban destruirse, quizá construirse, quizá estas enormes ganas de no saber nada de ti, más lo que veo, más lo que juego a ver, en una apuesta conmigo mismo acerca de ti, he de ganar, he de perder.  

Quizá no seas más que la eternidad a través de la cual la belleza se descubre a sí misma, en su forma exquisita, quizá sea ante la soledad del silencio, que coloca su rostro ante un espejo y contempla su verdad, quizá es el conocedor y lo conocido; el observador y lo observado; y ningún hermoso ojo como los suyos, han observado dentro de su profundo universo. 

Quizá no sabe que se ha topado con alguien que desea ardientemente revelar lo que tenga que ser revelado de su propia historia.


“Y el resultado de todo está en estas tres únicas palabras: ardía, ardía y ardía”.

martes, 11 de abril de 2017

HEREJÍA

Constantinopla ha caído, dejemos al pueblo pensar que será recuperada por la gracia de Dios y los Reinos de la Cristiandad, pero no nos engañemos a nosotros mismos nobles Señores, ha caído en manos de Otomanos y no volverá a manos cristianas ni en diez sangres.

¡Herejía! Se oyó una voz joven desde el fondo del salón atrás de las columnas.

¿Quién ha hablado así al Gran Señor de Valaquia? Preguntó el Voivoda Báthory señor de Ecsed, tomando la empuñadura negra de su mandoble, Perdonad el ímpetu de este estúpido muchacho, dijo en voz poderosa Matthias Corvinus, mientras tomaba de la nuca al muchacho János, que receloso y humillado como perro azotado por ladrar a desconocidos mira al piso con el rabo entrepernado.
¡Dejad que el Joven boyardo hable! Exclamó el Príncipe, es necesario que los viejos escuchemos la indignación de la nueva sangre, como la nueva sangre debe escuchar las razones de las palabras de los viejos. Joven János de la casa Corvinus acércate a mí, exclamó el Príncipe. El joven se acercó indignado al atrio del trono. Fui educado en la guerra, dijo el Soberano de Valaquia, por aquellos que solo conocían las artes de combate, se de acero, sé de sangre, sé de pieles blancas de mujeres desde el Cáucaso hasta la tierra de los Sajones. Mi oficio es la Muerte de otros, más no sé nada de Dios, por lo que he hecho y lo que haré estoy seguro de que Dios no querrá saber nada de mí, ni de la orden del dragón, yo solo sé de una herejía, la del que comanda pocos hombres contra muchos y marcha al campo de armas sin saber del oficio.

La religión de las armas no tiene verdades de fe, ni escrituras sagradas, sus evangelios no son escritos ni con letras ni tinta, sino con sangre y números. Los números son la guerra, quien entienda que los números dan la victoria es en verdad un apóstol de esta fe.


El que tiene pocos no ataca, espera. El que tiene muchos se mueve y busca a su presa. El que cuenta con números pequeños se dispersa, como poca manteca en una gran olla. Mientras el que con muchas lanzas avanza, permanece en cerrada falange buscándole. El tiempo y la desesperación operan en contra de los grandes contingentes, los hombres en manada son presa fácil para la peste y el excremento blando. Alimentar a una bestia de tal tamaño es una tarea desgastante, Eventualmente el grande comprende que debe disolverse, para abarcar territorio y ubicar a la pequeña fuerza. Es tiempo que la presa use sus números y se reúna, en grupo sólido y agudo como estilete, la bestia disuelta devora territorio, pero es débil y suave en todos sus puntos. Se debe atacar en uno de ellos, apuñalarla en su suave barriga, y dejarla sangrar. Se contraerá y se solidificará ahí donde ha sido herida. La bestia unida es invencible, pero ha dejado de ser omnipresente.  Se encuentra paralizada. No puede avanzar porque deja a un enemigo en su retaguardia, arriesgando las líneas que la alimentan, no puede quedarse mucho tiempo, porque hacerlo significa derrota, no puede dispersarse porque es débil en cualquier lugar y no puede escoger el punto en que ha de presentar combate. Esa es la religión que conozco, esos son los mandamientos que venero.

martes, 31 de enero de 2017

"EL ALCANCE DEL HOMBRE DEBE EXCEDER SU ENTENDIMIENTO ¿O DE QUÉ LE SERVIRÍA EL PARAÍSO?"

Tú, yo y la totalidad de nuestra especie hemos recorrido un largo camino. Hemos viajado desde el "pantano a las estrellas" y quién sabe  a donde los cambios tecnológicos, culturales y económicos de este siglo nos llevarán a todos. A veces el curso de nuestra existencia exige y nos invita a romper el statu quo, al igual que esos hombres de las cavernas hace cientos de miles de años. Más a menudo que no, esto es una cosa muy difícil de hacer, pero a veces el futuro depende de él si uno es desarrollar y crecer.

Siempre he pensado que los obstáculos están ahí para romperse. Tanto para probar que pueden ser derribados, pero más importante para dar testimonio de la capacidad innata del ser y el poder creativo; Hacer aspiraciones reales y hacer que las ideas se arraiguen. Ya sea por exceder nuestra comprensión es que se convierte en una experiencia digna de tener y es por superar nuestra comprensión que el mundo sigue cambiando y evolucionando cada día.

Pero, ¿por qué debemos esforzarnos por alcanzar objetivos tan elevados? ¿No está bien quedarse y relajarse para dejar que las cosas sean como son? Conformar nuestra alma ahí donde  estamos, ¿acaso hay algo  de malo en eso? Mientras sigamos siendo fieles a nosotros mismos y con esperanzas más profundas, la calma y la conformidad pueden ser el reto más grande jamás enfrentado.

Pero si hay algo o algún objetivo que valga la pena para que nuestro corazón encuentre en éste la certeza del cambo, a hacer lo mejor que se puede hacer, encontrar ese punto sagrado en la existencia donde comienza la senda, yo sugeriría. Por lo menos, hacer un compromiso a nosotros mismos, y en el proceso de seguimiento a través de este compromiso, esperar al menos inspirar y mejorar la experiencia de los demás también.

Grandes tareas pueden sacar lo mejor de ti. Despertar sus impulsos, aumentar su concentración, levantar la mira y aumentar las apuestas.

¡Pero también pueden atormentar y desarrollar miedo, sudores fríos y ansiedad!

Robert Browning dice que exceder su alcance conduce al "cielo". Para la dicha, el deleite y la alegría. Inmersión en un desafío sensible y grande es un cielo. Tratando de enfocarnos en el sentimiento final, la experiencia de satisfacción y alegría que lograr - o al menos tratar de hacer lo mejor posible - traerá.

El deleite en la batalla

Así que, con cualquier situación que quieras cambiar en la vida, lo que dice la cita de Browning es: quita el sueño y el letargo, despierta de los sonámbulos, pregúntate si realmente estás haciendo lo mejor que puedes y lánzate con el reto, Con esfuerzo, con oportunidad y tomar una oportunidad.


Dejando que nuestro camino se abra,  generalmente nos llevará a lugares y experiencias que sólo comenzará a vislumbrar, cuando excedemos  nuestro propio alcance.

jueves, 19 de enero de 2017

SABIDURÍA


En esta búsqueda errante, se le ha confiado al viajero entre suspiros, la morada del hombre que ha sabido más de este mundo que ningún otro. Casa llena de sombras y semblante triste, bajo la más intensa luz del sol de medio día, arropada bajo un pino gigante; en silencio total, la puerta de su entrada adornada con vidrios multicolores que recuerdan las oscuras botellas de licor vacías en las casas de las abuelas,  donde los rayos de luz blanca se convierten en marrón y bañan con profunda tristeza la losa fría del piso, paredes cubiertas con madera, con cúmulos de libros amontonados sobre ellas, el sonido de un viejo reloj resuena lúgubre,  marcando mal la hora, como si el tiempo importara en ese lugar, el sonido de los pasos se ahoga en hojas sueltas, escritas con las más hermosas poesías, garabatos de formulas matemáticas y versículos de libros sagrados.

Adelante y bienvenido sagrado visitante, soy el hombre que desde antes de mudar sus dientes cuando niño ha viajado por el mundo a través de las negras letras que otros han escrito, devorando para tratar de saciar el hambre insaciable del saber, comiendo de lo que las mentes más brillantes que jamás has de conocer, me han dado de alimento, descubriendo principios y leyes; cuanto más sabía más buscaba saber, cuanto más entendía más ardía el fuego de la curiosidad. Con cada libro que terminé, ahí estaba otro para servir; con cada texto que leí, había más paginas a la izquierda que girar.

He hablado con sabios y tontos, con viajeros extravagantes, buscadores, aventureros, guerreros derrotados y esclavos victoriosos; con tiranos disfrazados de patriotas, con libertadores manipulados, con filósofos y embusteros, con locos y con aquellos que platican con los dioses. Estoy seguro que también demonios han venido a visitarme.

Conozco la historia de naciones que jamás conoceré, de grandes hazañas pasadas, de hombres que jamás podré mirar. me encuentro empapado en la complejidad de la ciencia y del correcto lenguaje. Sé idiomas que jamás podré usarlos con nadie.

Pero al final no he visto nada de lo que sé, esta vida ha cobrado su precio y se encuentra hoy en sus límites, mi fracaso es que conozco un mundo en el que jamás viví.

Callaron un momento, la tarde llegaba. Reflexionando el viajero errante le preguntó al sabio al fin, ¿ha sido todo por nada? es decir, dado que tu sinceridad, rivaliza con tu sabiduría, ¿acaso en verdad has cometido un error? Nunca he conocido a un hombre tan sabio, para que resultara ser después de todo un tonto. 

Sonriendo el sabio, tomando un poco de té, pregunto al viajero si hablaría para el de sus viajes y lo que en ellos había aprendido. El viajero comenzó diciendo:

He visto tesoros sin encontrar, he visto el adoquine de todas las plazas del mundo, he probado el sabor del frío viento de mil montañas; he visto la lucha del que sobrevive y el páramo donde los sueños perdidos encuentran su resguardo; he visto lo mejor y lo peor que el hombre procura esconder; he visto a los decadentes hurgando entre las ruinas de su soberbia; he visto al humilde sonreír ante lo simple; he visto flores que nacen entre la devastación y la ira; he visto aquellos que buscaban en la esperanza, encontrando significado donde nunca antes lo había; he visto a los que asaltaban fortalezas, mientras otros las defendían; he visto los que prometieron lealtad y huyeron y otros que no prometieron nada y se quedaron, he visto aquellos que quemaron la tierra a causa de principios con los que no comulgaban; he visto aquellos que olvidaron el agravio y amaron; he visto algunos que desde su tristeza levantaron los corazones de los desconsolados, he visto finales de cuentos de hadas en los que nadie cree y fuerza en la más terrible debilidad.

Y ahora veo un hombre que hubiera visto todo esto, pero decidió ser sabio.

jueves, 12 de enero de 2017

LA FALACIA PATÉTICA

John Ruskin creo el concepto de falacia patética, que implica la imposición de sentimientos humanos a objetos inanimados, determinar que día está triste, porque el cielo está nublado o que las flores se encuentran felices porque se encuentran mirando al sol.

Acaso ¿no es válido ver el universo desde nuestra perspectiva? tendemos a vernos separados del universo, como si el universo fuera una cosa y nosotros otra. El polvo del más lejano de los astros de la galaxia se encuentra provisto de los mismos elementos que nos componen nuestro cuerpo.

No solo tendemos a alienar al universo, también alienamos los elementos de nuestra propia vida y tendemos a concebirla como un conjunto de sucesos y circunstancias, nuestro trabajo, nuestra sexualidad, nuestro matrimonio, nuestro noviazgo, nuestra paternidad, nuestra vida social, nuestro automóvil, nuestra salud, nuestra historia, nuestro futuro. Cada vez más difícil resulta concebir la unidad en todo.

Rigi Muge, el término Zen que implica la no diferencia entre lo mucho y lo poco. el perfecto entendimiento de las diversas cosas y por entendimiento se comprende la íntima relación entre todo lo existente y eventualmente percibir la unidad que se oculta tras la multiplicidad, es como si todas las facetas del universo, de nuestro universo, se derritieran en la unidad.

Podemos ver el mundo como multiplicidad, podemos verlo como unidad; ¿cómo podríamos verla en ambos aspectos? ¿cómo absorber el mundo de particulares y poder ver el todo? Ri, unidad, Gi, particular, Mu, no, Ge, Barreras.entre la unidad y lo particular no hay barreras.

Cuando vemos una fotografía antigua, y vemos un paisaje en blanco y negro, nuestra apreciación se solidifica, pero si vemos una pintura de un paisaje, llena de colores y formas de árboles y un cielo con aves, no pensamos en el color azul del cielo, ni en el verde de las plantas, acaso nos fascinamos en la armonía de todo. Tal es el caso en que podríamos ver nuestra vida, con la complejidad de sentimientos, de colores, de llantos y sonrisas, de nuestro pasado, de nuestro presente, de cada pequeño contacto con cada una de las personas que hemos tenido, nuestros triunfos y fracasos, nuestras decepciones y nuestros aciertos, como un todo absoluto y perfecto, concibiendo que todos los actos pasados te han llevado al preciso momento en el que te encuentras, que que el más simple suspiro entre tus padres es importante para que tú te encuentres aquí y ahora, le dan irremediablemente un carácter de adoración divina al momento que se vive. Ninguna deidad, ninguna religión ha tenido semejante adoración como la que ha tenido la precisa exhalación que sale de tu aliento. No hace falta semejante razonamiento en cada momento, no matemos a lo que vive, razonar o ser conscientes de todo lo que implica el momento presente, ser conscientes de que el universo entero depende del acto mismo que se realiza por el más insignificante de sus elementos, produciría el mismo efecto que se trata de evitar: Perder el todo por la nada.

El cielo se encuentra triste, porque tú lo ves así, no tendrás más cielo que el que ves en ese momento, es tu cielo y está triste,no hay más y el cielo de los demás no es tu cielo. Y aun así seguirá siendo el cielo que todos miramos.

Cuando la campana suena, la campana, y el sonido de la campana son uno, y al mismo entero son el universo entero. Cuando se le preguntó al maestro, "Montañas y colinas, no son acaso formas del cuerpo del Buda, el maestro replico, los son en verdad, pero es una vergüenza haberlo dicho."

lunes, 9 de enero de 2017

CUENTOS DE DESTINO Y CONTEMPLACIÓN.

¿Por qué yo?. La pregunta que se hace, es la respuesta que se vive. Y sin entender que la pregunta no debe hacerse en el sentido común que los hombres la formulan, para presumir o para ser compadecidos, sino en asombro y pasmo por la fortuna que se tiene. Sí, que se tiene, ya sea porque la tierra nos ha elevado al cielo o el cielo en fuego y horror cae sobre nosotros sumergiéndonos al infierno. La vida es propósito, sino no es vida; y el propósito llega, independientemente si se espera o no, algunos lo toman por tragedia, otros por fortuna; pero, independientemente de su naturaleza, el hombre común decide presumirle en vez de contemplarlo y regocijarse en él. 

Como el hombre fatuo, que busca jactarse de su piedad en los templos y; ¿qué son los templos? sino monumentos al narcisismo de Dios o de los hombres, (¿acaso no son uno?), el temperamento del hombre corriente denigra su oportunidad de estar vivo y de tener enfrente a su destino, al lamentarse o regodearse frente a otros. Buscan salida donde no la hay, creen que el fracaso es una salida y por eso insisten en fracasar.

El hombre superior comprende que no hay salida en cuanto se refiere a a los designios de lo supremo, ni lo acepta ni lo descarta, porque sabe que no es necesaria ni su aquiescencia, ni su rechazo y en el destino no se hace nada que carezca de utilidad. Aunque se quiera a veces, es demasiado tarde para querer huir y decidir fracasar. No hay manera de simular una derrota, cómo imposible es fingir una victoria. A veces la mente exige una derrota, porque la victoria perfecta generalmente exige la extinción de la mente. 

Pero siempre hay guardianes que evitan poder declarar la falsedad en el triunfo y la debacle, a veces estos centinelas son creados enteramente por el amor, seres que amamos y no nos dejan caer; a veces por el más oscuro odio y venganza. 

Entre la existencia y el destino, hay un espantoso lugar, del cual muchos no logran salir, como pantano lodoso que arrastra y enquista, donde es demasiado tarde para retirarse y demasiado pronto para actuar, cómo el niño que se encuentra entre el útero y el caminar, y solo le queda la contemplación.. El hombre en esta páramo estéril tiene por tarea atestiguar, atestiguar a otros enfrentar su destino y a otros ocultarse de él.

El fruto del poder es la sabiduría, pero su semilla yace en la acción.

lunes, 2 de enero de 2017

TAZAS ROTAS.


No hay sonidos si no son escuchados, no hay visiones sin ser vistas, no hay sentimientos sin ser sentidos y  aun así nos aferramos a creer que hay pérdida sin haber realmente poseído nada. Un hombre que pensara que conoce la respuesta a: ¿qué es lo que quieres? estaría más lejos de responderlo que aquel que lo pregunta. El problema es desconocido para aquellos que creen conocerlo, el problema es resuelto para aquellos que saben que no conocen la respuesta. Porque pensar que: dejar ir aquello que deseamos, permitiría llegar lo que necesitamos; es desconocer que: dejar ir no es algo que podamos hacer, cuando en realidad no sostenemos nada que liberar, es una ilusión pensar que somos vasijas que contenemos algo de lo cual podemos deshacernos, no somos más que tazas rotas en el lecho de un río caudaloso, todo fluye a través de nosotros, no elegimos lo que se encuentra momentáneamente en nuestro interior, como tampoco sabemos de lo que necesitamos estar llenos, ¿cómo entonces esperar, que al dejar ir algo que no nos corresponde dejar ir, podemos vaciarnos para recibir lo que creemos necesitar? Es fácil caer en estas frases huecas, en estas banalidades y creer que profundizamos y ni siquiera nuestra barca es capaz de flotar en estas superficiales aguas de conocimiento.


No nos corresponde dejar ir nada en lo absoluto, no nos corresponde recibir o rechazar lo que llegue, no nos corresponde aspirar a recibir algo. Eso es ansiedad. Nos corresponde ver fluir la corriente del río en nuestro interior, y aceptar lo que momentáneamente nos atraviesa y verlo partir, no hay más en ello que la vida misma.